Future Generations Need us!

The time has come for an International Tribunal for Climate Justice and the Rights of Nature!

¡Ha llegado el momento de crear un Tribunal Internacional para la Justicia Climática y los Derechos de la Naturaleza!

English

A call to action to heads of state and government, United Nations and international organizations, non-governmental organizations, social movements, indigenous peoples’ organizations, local municipalities, climate justice movements.

Español

Un llamado a la acción a los jefes de estado y de gobierno, las Naciones Unidas y organizaciones internacionales, organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales, organizaciones de pueblos indígenas, municipios locales, movimientos de justicia climática.

In parallel, efforts are intensifying to include ecocide as a crime against humanity and, as such, to be sanctioned by international criminal justice. All this points to the need to ensure the “justiciability” of crimes against humanity and nature. Many international coalitions, for many years, have been pursuing a similar objective for the establishment of an International Environmental Tribunal.

Yet, governments and international organizations have not officially undertaken any initiative to establish an international legal body to “protect and sanction climate and environmental crimes that violate the rights of Mother Earth and humanity” (Declaration of Cochabamba).

Therefore, we strongly formulate this call to action, urging the international community and its members to immediately crystallize the commitment and the task of establishing an International Climate Justice and Rights of Nature Tribunal with legal capacity to prevent, judge and sanction States, industries and individuals that by commission or omission affect the vital cycles of life, trampling on Human Rights and the Rights of Nature.

This would be a first concrete and effective step so that, finally, the international community, within the framework of the United Nations, takes charge of the true dimension of a crisis that demands urgent and radical actions, not more speeches and inconsequential agreements.

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We, judges of the International Tribunal for the Rights of Nature, gathered in Glasgow on the occasion of the 26th Conference of the Parties to the United Nations Framework Convention on Climate Change, express our deep concern about the absence of solid and effective actions to address the climate crisis in its multiple aspects, which already constitute a systemic and civilizational crisis, rooted in the dominant extractive and anthropocentric capitalist paradigm. We cannot remain passive in the face of the growing deterioration of ecosystems, seriously threatened with extinction by the impacts of biodiversity depletion.

We recall the historical significance of the Constitution of Ecuador, which established that Nature is a subject of rights, and of the decisions taken at the Peoples’ Conference on Climate Change and the Rights of Mother Earth, convened in Cochabamba, Bolivia in April 2010, which adopted the Peoples’ Declaration on the Rights of Mother Earth. Since then, the Rights of Nature movement has expanded worldwide, as witnessed by countless initiatives, campaigns and rulings recognizing legal personality or ecosystem rights. There are already 36 countries in the world that, in one way or another, at the national or local level or based on the recognition of ecosystems, have institutionally addressed the discussion and implementation of the Rights of Nature.

We recognize the importance of the UN Human Rights Council resolution to define the right to a healthy and safe environment as a fundamental human right. In this regard, while the UN Human Rights Council resolution marks a significant recognition of the intrinsic link between human rights and the urgency of protecting the environment, it still does not recognize the urgent and pressing need to shift from an anthropocentric to a biocentric approach: an approach that recognizes the Rights of Nature so that all living things on the planet have the capacity to survive, thrive and regenerate. This urgency is even clearer in light of the ecological collapse, in its multidimensional aspects, and the failure of the international community to take decisive action.

Nosotros, juezas y jueces del Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza, reunidos en Glasgow con motivo de la 26ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, expresamos nuestra profunda preocupación por la ausencia de acciones sólidas y efectivas para enfrentar la crisis climática en sus múltiples aspectos, que configuran ya una crisis sistémica y civilizatoria, arraigada en el paradigma capitalista extractivo y antropocéntrico dominante. No podemos permanecer pasivos ante el creciente deterioro de los ecosistemas, amenazados seriamente de extinción por los impactos del  agotamiento de la biodiversidad.

Recordamos la trascendencia histórica de la Constitución de Ecuador, que estableció que la Naturaleza es sujeto de derechos, y de las decisiones tomadas en la Conferencia de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, convocada en Cochabamba, Bolivia en abril de 2010, y que adoptó la Declaración de los Pueblos sobre los Derechos de la Madre Tierra. Desde entonces, el movimiento de los Derechos de la Naturaleza se ha expandido en todo el mundo, como lo atestiguan las innumerables iniciativas, campañas y fallos que reconocen la personería jurídica o los derechos de los ecosistemas. En el mundo ya hay 36 países que, de una u otra manera, a nivel nacional, local o a partir del reconocimiento de ecosistemas, han abordado de forma institucional la discusión y la puesta en práctica de los Derechos de la Naturaleza.

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Reconocemos la importancia de la resolución del Consejo de Derechos Humanos de la ONU de definir el derecho a un medio ambiente sano y seguro como un derecho humano fundamental. En este sentido, si bien la resolución del Consejo de Derechos Humanos de la ONU marca un reconocimiento significativo del vínculo intrínseco entre los derechos humanos y la urgencia de proteger el medio ambiente, aún no reconoce la necesidad urgente y apremiante de cambiar el enfoque antropocéntrico a uno biocéntrico: enfoque que reconoce los Derechos de la Naturaleza para que todos los seres vivos en el planeta tengan la capacidad de sobrevivir, prosperar y regenerarse. Esa urgencia es aún más clara a la luz del colapso ecológico, en sus aspectos multidimensionales y del fracaso de la comunidad internacional para tomar medidas decisivas.

Paralelamente, se están intensificando los esfuerzos para incluir el ecocidio como un crimen de lesa humanidad y, como tal, a ser sancionado por la Justicia Penal Internacional. Todo esto apunta a la necesidad de garantizar la “justiciabilidad” de los crímenes contra la humanidad y la naturaleza. Muchas coaliciones internacionales, desde hace muchos años, persiguen un objetivo similar para el establecimiento de un Tribunal Internacional sobre el Ambiente.

Aún así, los gobiernos y las organizaciones internacionales no han emprendido oficialmente ninguna iniciativa para establecer un organismo internacional legal que “proteja y sancione los delitos climáticos y ambientales que violen los Derechos de la Madre Tierra y la humanidad” (Declaración de Cochabamba).

Por lo tanto formulamos de forma enérgica este llamado a la acción, instando a la comunidad internacional y a sus miembros a cristalizar de inmediato el compromiso y la tarea de establecer un Tribunal Internacional de Justicia Climática y de la Naturaleza con capacidad legal para prevenir, juzgar y sancionar a los Estados, industrias y personas que por comisión u omisión afecten los ciclos vitales de la vida, atropellando los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza.

Este sería un primer paso concreto y efectivo para que, por fin, la comunidad internacional en el marco de las Naciones Unidas, se haga cargo de la verdadera dimensión de una crisis que demanda acciones urgentes y radicales, no más discursos y acuerdos intrascendentes.

Endorsing Judges

Ashish Kothari, Rita Segato, Maristella Svampa, Enrique Leff, Lisa Mead, Valerie Cabanes, Edgardo Lander, Antonio Elizalde, Mario Melo, Dominique Bourg, Patricia Gualinga, Casey Camp Horinek, Damien Short, Cormac Cullinan, Rocio Silva Santisteban, Alberto Acosta, Francesco Martone, Enrique Viale, Tom Mato Awanyankapi Goldtooth, Atossa Soltani, Nnimmo Bassey, Antoni Pigrau, Osprey-Orielle Lake, Nancy Yáñez, Shannon Biggs, Tantoo Cardinal, Carolyn Raffensperger, Richard Wheeler.

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The time has come for an International Tribunal of Climate Justice and Nature!

(English)

A call to action to heads of state and government, United Nations and international organizations, non-governmental organizations, social movements, indigenous peoples' organizations, local municipalities, climate justice movements.

We strongly formulate this call to action, urging the international community and its members to immediately crystallize the commitment and the task of establishing an International Climate Justice and Nature Tribunal with legal capacity to prevent, judge and sanction States, industries and individuals that by commission or omission affect the vital cycles of life, trampling on Human Rights and the Rights of Nature.

This would be a first concrete and effective step so that, finally, the international community, within the framework of the United Nations, takes charge of the true dimension of a crisis that demands urgent and radical actions, not more speeches and inconsequential agreements.


(Spanish)

Un llamado a la acción a los jefes de estado y de gobierno, las Naciones Unidas y organizaciones internacionales, organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales, organizaciones de pueblos indígenas, municipios locales, movimientos de justicia climática.

Formulamos de forma enérgica este llamado a la acción, instando a la comunidad internacional y a sus miembros a cristalizar de inmediato el compromiso y la tarea de establecer un Tribunal Internacional de Justicia Climática y de la Naturaleza con capacidad legal para prevenir, juzgar y sancionar a los Estados, industrias y personas que por comisión u omisión afecten los ciclos vitales de la vida, atropellando los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza.
Este sería un primer paso concreto y efectivo para que, por fin, la comunidad internacional en el marco de las Naciones Unidas, se haga cargo de la verdadera dimensión de una crisis que demanda acciones urgentes y radicales, no más discursos y acuerdos intrascendentes.

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